A un ángel negro, Samael,
por las velas que lo hicieron real.
Vivir es besar y morirse
cada día, en la cuna que unos labios
regalan y otros, al irse,
mendigan.
Besar es morir, desvivirse
por la vida, diluida en unos ojos
negros cuando, aún cerrados,
brillan.
Mas digo yo que morir no es
si es morir contigo, pues son aquí y allí
tus besos y los míos, amiga,
amigos.
Verbo.
