Sonamos,
sonamos a jadeo mudo,
a silencio en la mirada
hambrienta,
a devórame con las manos,
clávame la piel.
Notas,
tú me notas cuando tocas,
yo te toco cuando leo
ahí, sí.
Nota ahí, toca ahí.
Hay un beso oscuro en
tus caderas, cadenas mías,
una prisa tuya sube
lenta,
rozándome la pierna.
Malditos,
malditos centímetros negros,
agujeros que nos separan.
Distancia
insalvable entre el fondo
de tu mirada y la mía,
húmeda.
Aparto a dos manos
el humo de tu boca
¿Quién pudiera creer
que el infierno lo guardan
puertas tan dulces?
de Ángel, aunque por no estorbarte
en los abrazos vendería las alas.