miércoles, 31 de julio de 2013


Usted no sabe qué es el amor 
¿Y sabe por qué?
 Porque es el amor y es incapaz de verse a sí mismo.


Verbo. N.

lunes, 8 de julio de 2013

Cartas fúnebre a la Eternidad
II


Tan solo conozco una enfermedad en nuestro mundo
 para la cual palabras tan opuestas como «vencer» y «huir» 
sean ambas y de la mano, sinónimos de «morir», 
mi amor.

La E. B. que yo conocí se suicidó hace justo ciento noventa y tres días y diecinueve horas con veintidós minutos. La noche que ella murió todos, salvo una, pensaron que el difunto era yo. Sin embargo, la vida es una ilusión que existe en los ojos de aquel que mira y, yo, seguí amándola sin reparar siquiera en que estaba muerta.  Apartaba tiernamente la escarcha de sus manos y paseaba su cadáver de la mía por las calles de un verdadero amor. A imagen y semejanza del príncipe que me hizo ser, colocaba suavemente su maniquí sobre el césped y, como a una flor marchita, o a la madera húmeda tras el fuego, le nacieron los gusanos. Así, cuando aquella noche y sin dejar de mirarla hablaba a sus oídos sordos sobre la relación secreta entre ella, el cielo y yo, no vi los buitres que sobrevolaban nuestras cabezas ni escuché las canciones fúnebres que se entonaron por las dos. Allí donde nos tumbáramos, allí donde cerrara los ojos e inevitablemente aparecieras tú, allí estaba tu tumba. Y dentro, yo. Paseábamos y en silencio le recitaba cartas de amor que ella jamás me respondía; ya no tenía labios. Amenazaba con besarla; las larvas retorciéndose imitaban los latidos nerviosos de un corazón. Hizo falta aquel error mío al intentar besarte el hueco sangrante que había aparecido en tu pecho para que me haya llegado este nuevo perfume tuyo a putrefacción... 


Post Scriptum. Sit tibi terra levis, que los años que te quedan bajo tierra te sean leves sin mí.